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lunes, 28 de julio de 2014

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario - Ciclo A - 3 de Agosto 2014




Isaías 55,1-3

Venid y comed

Así dice el Señor: "Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David."
Salmo responsorial: 144

Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.

El Señor es clemente y misericordioso, / lento a la cólera y rico en piedad; / el Señor es bueno con todos, / es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos te están aguardando, / tú les das la comida a su tiempo; / abres tú la mano, / y sacias de favores a todo viviente. R.
El Señor es justo en todos sus caminos, / es bondadoso en todas sus acciones; / cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente. R.
Romanos 8,35.37-39

Ninguna criatura podrá apartaros del amor de Dios, manifestado en Cristo

Hermanos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Mateo 14,13-21

Comieron todos hasta quedar satisfechos

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer." Jesús les replicó: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer." Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces." Les dijo: "Traédmelos." Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Reflexión de las lecturas por el Catecismo de la Iglesia Católica



La ``poca fe'' y los dones de Dios”

I. LA PALABRA DE DIOS

* Is 55,1-3: “Daos prisa y comed”

* Sal 144, 8s.15s.17s.: “Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de
favores”

* Rm 8,35.37-39: “Ninguna criatura podráá apartarnos del amor de Dios,
manifestado en Cristo”

* Mt 14,13-21: “Comieron todos hasta quedar satisfechos”

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

* Las personas: Jesús sintió “lástima” del gentío y
multiplicó los panes (1.a Lect.). Sus gestos y oración son los de
la institución de la Eucaristía: “tomando los cinco panes...
pronunció la bendición, partió los panes y se los dio...”.
Los discípulos tenían “poca fe”, aconsejaron despedir a la
multitud, pero obedecieron al Maestro. El pueblo
también tenía “poca fe”, buscaba ante todo el pan de la tierra (cf
Jn 6,26s), pero recibieron el don de Dios.

* El suceso: Destacan los contrastes entre “la multitud” y la escasez de
recursos: cinco panes y dos peces; y entre
estos recursos y el resultado: “quedaron satisfechos y recogieron doce
cestos llenos de sobras”. Desde los
comienzos, ya en las catacumbas, la gran Tradición contempló en el
suceso un anuncio del banquete mesiánico al
fin de los tiempos. Y entre el prodigio evangélico y el fin, se sitúa
la Eucaristía, avance del banquete del Reino.

III. SITUACIÓN HUMANA

* ¿Qué hacer para que nuestras celebraciones y comuniones sean más
hondas? También la perícopa evoca hoy el
pavoroso problema del hambre en el mundo y nuestras celebraciones
eucarísticas.

IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe

_ “La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y
que está ahí en medio de nosotros. Sin
embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos... ``mientras
esperamos la gloriosa venida de nuestro
Salvador Jesucristo''... De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la
nueva tierra... no tenemos prenda más
segura, signo más manifiesto que la Eucaristía... remedio de
inmortalidad, antídoto para no morir sino para vivir
en Jesucristo para siempre (S. Ignacio de Antioquía...)” (1404-1405).
_ Vinculación de la Eucaristía con el hambre en el mundo:
“Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por
nosotros, debemos reconocer a Cristo
en los más pobres, sus hermanos” (1397).

* La respuesta

_ Participar de la Eucaristía bien dispuestos, para gustar el Pan de
Vida:
“...``Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente,
será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Examínese, pues, cada cual...'' (1 Co 11,27-29). Quien tiene conciencia de
estar en pecado grave debe recibir el
sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar” (1385).
_ Pero se requiere más, la humildad de corazón:
“Ante la grandeza de este sacramento el fiel sólo puede repetir
humildemente y con fe ardiente las palabras del
Centurión...: ``Señor, no soy digno de que entres en mi casa''...”
(1386).

* El testimonio cristiano

_ “... Yo, su cabeza, gobernaba en el cielo a la derecha de mi Padre,
pero en la tierra mis miembros tenían
hambre. Si hubiérais dado a mis miembros algo, eso habráía subido hasta
la cabeza. Cuando coloqué a mis
pequeñuelos en la tierra, los constituí comisionados vuestros para
llevar vuestras buenas obras a mi tesoro: como
no habéis depositado nada en sus manos, no poséis nada en Mí” (San
Agustín, serm. 18, 4, 4).

La Eucaristía: el gran don de Dios nos remite al Banquete del Reino, a la
Otra Vida, la nueva creación. Para
gustar la Eucaristía y ya ahora la Otra Vida, hay que acercarse a
participar con el corazón bien dispuesto y la
mano tendida.

tomado de www.mercaba.org


martes, 8 de julio de 2014

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A - 13 de Julio 2014


Lecturas y Evangelio del Domingo

Lectura Dominical Sun Jul 13 2014

XV DOMINGO ORDINARIO

Isaías: 55, 10-11

La lluvia hará germinar la tierra.

Esto dice el Señor: "Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión".

Del salmo 64

R/. Señor, danos siempre de tu agua.

Señor, tú cuidas de la tierra, la riegas y la colmas de riqueza. Las nubes del Señor van por los campos, rebosantes de agua, como acequias. R/.

Tú preparas las tierras para el trigo: riegas los surcos, aplanas los terrenos, reblandeces el suelo con la lluvia, bendices los renuevos. R/.

Tú coronas el año con tus bienes, tus senderos derraman abundancia, están verdes los pastos del desierto, las colinas con flores adornadas. R/.+

Los prados se visten de rebaños, de trigales los valles se engalanan. Todo aclama al Señor. Todo le canta. R/.

Romanos: 8, 18-23

Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios.

Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.

La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

San Mateo: 13, 1-23

Una vez salió un sembrador a sembrar.

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que Él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas.

Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.

A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta".




Si el sembrador siembra y la semilla es fecunda, ¿por qué no hay
fruto?”

I. LA PALABRA DE DIOS

* Is 55, 10-11: “La lluvia hace germinar la tierra”

* Sal 64, 10.10-11.12-13: “La semilla cayó en tierra buena y dio
fruto”

* Rm 8, 18-23: “La creación, expectante, está aguardando la plena
manifestación de los hijos de Dios”

* Mt 13, 1-23: “Salió el sembrador a sembrar”

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

* La palabra, como la semilla, en sí eficaz. La Palabra de Dios que
anunciaba a Israel el fin de la cautividad de
Babilonia se cumpliría: “hará mi voluntad, cumplirá mi encargo”
(1.a Lect.).

* La Palabra necesita de la cooperación humana como la semilla necesita de
la tierra. Su eficacia está
condicionada a la libre responsabilidad del hombre. Con la imagen de la
tierra, el evangelista señala cuatro
actitudes: 1) el corazón duro, orgulloso, autosuficiente; 2) los
veleidosos, inconstantes, caprichosos; 3) los que
están esclavizados por las riquezas, las comodidades, los honores, las
vanidades, etc; 4) los que acogen la Palabra
con buena voluntad (Ev.).

* El Espíritu que habita en nosotros nos introduce en la Palabra para que
produzca el fruto de la esperanza de
la “libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

III. SITUACIÓN HUMANA

* Ya se ha dicho en otro lugar que el hombre de hoy halla dificultades dentro
y fuera de sí mismo para
reflexionar, pensar, crear ideas... Siguen ocupando lugar de privilegio las
lecturas que sólo entretienen y alienan, y
son pocos los que se ocupan de lo serio y profundo. No es una mirada negativa
sobre la realidad. Es un hecho
que no solamente ofrece dificultades a la semilla evangélica. También
para cualquier idea minimamente seria.

IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe

_ Cristo, Palabra única de la Sagrada Escritura:
“En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su
fuerza, porque en ella no se recibe
solamente la palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios”
(104).
_ “Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta
e insuperable del Padre. En Él lo dice
todo, no habráá otra Palabra más que ésta” (65).
_ La fe cristiana es la religión de la Palabra:
“Sin embargo la fe cristiana no es una ``religión del Libro''. El
cristianismo es la religión de la Palabra de Dios,
``no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo'' (S.
Bernardo, hom. mis.4.11). Para que las
Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna
del Dios vivo, por el Espíritu Santo,
nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas” (108).

* La respuesta

_ Fecundidad de la Palabra divina:
“El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis
apostólica nos describen los caminos que conducen al
Reino de los cielos. Por ello avanzamos paso a paso mediante los actos de
cada día sostenidos por la gracia del
Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente
frutos en la Iglesia para la gloria de
Dios” (1724; cf 2654).

* El testimonio cristiano

_ “Porque en darnos, como nos dió a su Hijo, que es una Palabra suya,
que no tiene otra, todo nos lo habló
junto y de una vez en esta sola Palabra...porque lo que hablaba antes en
partes a los profetas, ya lo ha hablado
todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora
quisiese preguntar a Dios, o querer
alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino
haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente
en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (S. Juan de la Cruz,
Carm.2.22)” (65).

Llamados a sembrar, arrojemos la semilla. Dios dará el incremento. No
sembrar por miedo a la falta de fruto es
denconfiar de Dios.