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domingo, 4 de octubre de 2015

"En tu presencia cada día" - para el Domingo 4 de Octubre 2015

DOMINGO DE LA SEMANA XXVII
De la Feria. Salterio III

4 de octubre 


LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: LAS SOMBRAS OSCURAS HUYEN.
Las sombras oscuras huyen,
ya va pasando la noche;
y el sol, con su luz de fuego,
nos disipa los temores.

Ya se apagan las estrellas
y se han encendido soles;
el rocío cae de los cielos
en el cáliz de las flores.

Las criaturas van vistiendo
sus galas y sus colores,
porque al nacer nuevo día
hacen nuevas las canciones.

¡Lucero, Cristo, del alba,
que paces entre esplendores,
apacienta nuestras vidas
ya sin sombras y sin noches!

¡Hermoso Cristo, el Cordero,
entre collados y montes! Amén.
SALMODIA
Ant 1. El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.
Salmo 92 - GLORIA DEL DIOS CREADOR
El Señor reina vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.

Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;

pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.

Ant 2. Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. Aleluya.
Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR - Dn 3, 57-88. 56
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. Aleluya.

Ant 3. Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.
Salmo 148 - ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.

Alabadlo todos sus ángeles,
alabadlo todos sus ejércitos.

Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.

Alabadlo, espacios celestes,
y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y existieron.

Les dio consistencia perpetua
y una ley que no pasará.

Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del mar.

Rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus órdenes.

Montes y todas las sierras,
árboles frutales y cedros.

Fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo.

Los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de su pueblo.

Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.
LECTURA BREVE   Ez 37, 12b-14
Así dice el Señor. «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis, os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Quien no recibe la doctrina del reino de Dios con las disposiciones de un niño no puede entrar en la casa del Padre.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 
Quien no recibe la doctrina del reino de Dios con las disposiciones de un niño no puede entrar en la casa del Padre.
PRECES
Invoquemos a Dios Padre que envió al Espíritu Santo, para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles, y digámosle:

Ilumina, Señor, a tu pueblo.

Te bendecimos, Señor, luz nuestra,
porque a gloria de tu nombre nos has hecho llegar a este nuevo día.

Tú que por la resurrección de tu Hijo quisiste iluminar el mundo,
haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres la alegría pascual.

Tú que por el Espíritu de la verdad adoctrinaste a los discípulos de tu Hijo,
envía este mismo Espíritu a tu Iglesia para que permanezca siempre fiel a ti.

Tú que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven aún en las tinieblas
y abre los ojos de su mente para que te reconozcan a ti, único Dios verdadero.
Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...

ORACION
Dios todopoderoso y eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Vigésimo séptimo Domingo del tiempo ordinario

Libro de Génesis 2,18-24. 
Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada".
Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.
El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.
Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío.
Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
El hombre exclamó: "¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.



Salmo 128(127),1-2.3.4-5.6. 
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien.
Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
¡Así será bendecido

el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.
y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!




Carta a los Hebreos 2,9-11. 
Pero a aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación.
Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos,



Evangelio según San Marcos 10,2-16. 
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?".
El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?".
Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella".
Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos

LO QUE DIOS HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE.

Comentando la Palabra de Dios

Gén. 2, 18-24. No es bueno que el hombre esté sólo. Y el Señor crea para él una compañía, con quien se complementará. La creación del hombre sólo se entiende bajo la misma Palabra de Dios que nos dice: Y creó Dios al hombre; a imagen y semejanza suya lo hizo, varón y varona lo creó. De nada sirve ser huésped de un paraíso, de la casa más confortable, si no hay una mujer con quien convivir en un amor verdadero. En Ninguno de los animales que desfilaron ante Adán, aun cuando fueron formados, igual que él, de la tierra, pudo el hombre encontrar su complemento, alguien a quien amar con un amor capaz de ser correspondido, alguien con quién relacionarse, alguien con quien dialogar de tú a tú, alguien capaz de hacerle feliz. Sólo cuando le es presentada la mujer exclamará: esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne; es decir: es semejante a mí; posee mi misma dignidad; en ella encuentro el aspecto femenino y materno que no encuentro en mí. Pero para unirse a la mujer hay que abandonar padre y madre. Y esto nos está indicando que la alianza Varón-Varona requiere madurez y un cuidado especial, no sólo para ser fieles, sino para que esa alianza sea una conquista que se va logrando día a día. Dios los bendice; pero la mujer no debe ser ocasión de tropiezo para el hombre, ni el hombre puede hacer responsable a la mujer de sus propias fallas. Vivir cuidando el fuego del amor con gran responsabilidad, además de la bendición de Dios, requiere una lucha continua para renunciar a todo aquello que le dio sentido a nuestra vida de un modo correcto o equivocado, pero que ahora se convierte en un estorbo para vivir y caminar en el amor. (Algo correcto puede ser el afianzamiento de la propia identidad del hombre en una lucha convertida en competencia para poder sobrevivir y destacar; renunciar a esa actitud en la relación matrimonial significa no querer imponer lo propio como lo único válido, ni querer humillar a la mujer pensando que es un ser inferior al hombre. Respecto a lo incorrecto, más vale quedarse sin comentarios, pues hay tantas cosas que debe uno quitarse de encima para evitar convertirse en un fraude para aquella persona a quien uno prometió hacerle feliz y amarle siempre, pero que después le destruye y le arruina su vida).

Sal. 127. Busquemos al Señor para manifestarle nuestro amor, nuestra fidelidad, nuestro respeto. Sigamos sus caminos y proclamemos su amor a todas las naciones. No trabajemos únicamente por el pan que perece; no vivamos fieles al Señor con la intención de vernos favorecidos por Él con toda clase de bienes aquí en la tierra. Que lo único que nos preocupe sea trabajar por el Reino de Dios y su justicia, lo demás sólo será añadidura, algo que, finalmente no encadenará nuestro corazón. Disfrutando de los bienes del Señor como una bendición que nos viene de Él, no nos quedemos con ellos como propiedad personal, sino que sepamos compartirlos con los necesitados, para que así la prosperidad sea de todos. Quien es fiel al Señor disfrutará de su esposa con la misma alegría con que nos alegra el fruto de la vid. Los hijos, alrededor de la mesa, serán como renuevos de olivo, capaces de alimentar con sus frutos a toda clase de personas. Así la vida familiar, confiada en Dios y fiel a sus palabras, no será ocasión de maldad, ni de destrucción, sino de paz y alegría para todos.

Heb. 2, 8-11. Se nos manifiesta el Plan de salvación de Dios que Él tiene para nosotros: A aquel para quien es y por quien existe el universo, si quería llevar muchos hijos a la gloria le convenía perfeccionar, a través de padecimientos, al que iba a abrirles el camino. En Cristo somos llamados a la participación de la Gloria que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre. Y el Hijo, hecho uno de nosotros, se une a nosotros asumiendo nuestra naturaleza humana y santificándonos, para que así, no sólo nos llame sino que seamos hermanos suyos. Y Dios es fiel a su Alianza con nosotros. Puesto que Él pasó por la muerte sin quedarse en ella, nos enseña que el verdadero amor ha de llegar incluso a la muerte por nuestros seres queridos, con tal de conducirlos, de hacerlos partícipes de la misma dignidad y gloria que el Señor nos ha concedido. Puesto que el Señor comparte la misma vida de Dios y la misma vida de los hombres, quien se une a Él por la fe, encuentra el camino que le conduce a la Gloria. No hay otro camino; no hay alianza con alguien más, bajo cuyo nombre pudiéramos salvarnos; sólo Jesús, en Él y por Él tenemos el camino abierto hacia la plena unión con Dios.

Mc. 10, 2-16. Dios nos ha llamado al amor. Amor que, por ningún motivo, salvo por una mente enfermiza, puede vivirse en la soledad. Si incluso el amor indiviso hacia Dios no tiene una proyección de amor sincero hacia el prójimo, es un amor engañoso y ocioso. Entrar en un compromiso de amor, que se convierte en Alianza en la que Dios une a un hombre y a una mujer, no puede considerarse como un juego, ni puede regirse por la injusticia que aplasta a la mujer y la despide por cualquier motivo, desconociendo la misma dignidad que tiene respecto al hombre. Dios, mediante su Hijo hecho uno de nosotros, se convirtió en el Esposo que da calor y alimento a su Esposa, que es la Iglesia. Y esa Alianza, sellada con su sangre, es nueva y eterna. Podrán pasar el cielo y la tierra, podrá una madre olvidarse del hijo, fruto de sus entrañas, pero el amor del Señor hacia nosotros jamás tendrá fin. El amor matrimonial del hombre creado varón y varona, a imagen y semejanza de Dios, debe ser también un vivo reflejo sacramental del amor que Dios tiene a su Iglesia, que cuando encuentra en ella algún defecto no la rechaza, sino que la santifica y renueva mediante su sangre derramada en la Cruz, y la adorna con las arras del Espíritu que no sólo nos hace exclamar Padre, sino tenerlo en verdad como Padre nuestro, pues en Cristo hemos sido hechos de la familia divina. A pesar de nuestra fragilidad que nos hace ser como los niños, el Señor nos abraza y bendice, se pone de parte nuestra, se hace el Dios-con-nosotros. Si así hemos sido amados por Dios, amemos a nuestro prójimo, preocupándonos de hacer el bien especialmente a quienes muchas veces han sido vejados y despreciados como son las mujeres, los niños, los pobres y los que, dominados por el pecado, viven hundidos en las maldades y los vicios, y han sido puestos al borde de la sociedad que los ha despreciado y marginado.

La Palabra de Dios y la Eucaristía de este Domingo.

Reunidos en la presencia del Señor, que ha sellado su Alianza con nosotros mediante su propia sangre, experimentamos su amor siempre fiel, comprensivo y misericordioso para con nosotros. No podemos decir que no le importen nuestras infidelidades; si así fuera, Él no nos haría un fuerte llamado a dejar nuestros caminos de maldad para que, siéndole fieles, nos convirtamos en un signo más claro de su amor en el mundo. Él ha derramado su Sangre para el perdón de nuestros pecados; Él nos llama a participar de su vida; Él derrama en nosotros su Espíritu Santo. Nuestra fidelidad a Él debe darle sentido a la fidelidad del hombre en todos los compromisos adquiridos, pero especialmente en el compromiso matrimonial, que es un signo del amor que Cristo tiene a su Iglesia. El Señor nos ha manifestado todo lo que Él ha hecho para presentarse ante sí a la Iglesia, como una esposa digna, limpia de maldad y adornada con la presencia de su Espíritu que nos haga caminar, llenos de amor fiel, en su presencia. Así como Cristo ha amado a su Iglesia, así ha de ser el amor que el esposo debe tener hacia su esposa.

La Palabra de Dios, la Eucaristía de este Domingo y la vida del creyente.

En su carta a los Corintios san Pablo nos dice: Cuando era niño hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hombre, he dejado las cosas de niño. Ciertamente, cuando vemos matrimonios rotos, familias destrozadas, niños que deambulan cada fin de semana para convivir con el padre o la madre, disputas sobre la tutela de los hijos, enfrentamientos por los bienes comunes, hemos de meditar si en verdad las personas que deciden, con toda libertad y con un verdadero amor, unir sus vidas mediante el Sacramento del Matrimonio, actuaron con sinceridad; sinceridad que brote de una madurez no sólo biológica sino sicológica, y, también con una auténtica madurez en la fe, de tal forma que no actúen como niños, sino como personas adultas en todos los niveles cuando aceptan a alguien en su vida y de por vida. ¡Qué responsabilidad, al respecto, tienen los padres, la sociedad en general y las diversas instituciones que entran en contacto con las personas, especialmente en la adolescencia y en la juventud! Mientras la unión hombre-mujer sólo se vea como la oportunidad de encontrar alivio a las pasiones sexuales, y no como un compromiso que ayude a vivir, de un modo cada vez mejor la perfección de la persona, el equilibrio emocional, la capacidad de ser creativos, la potencia de vivir como personas responsables que se preocupen de velar por los intereses del ser amado y de quienes son consecuencia de ese amor; digo, mientras esto no sea aceptado con madurez, lo único que se vivirá será una relación fugaz que, como indicaban los Maestros de Judea en tiempos de Jesús, podrán dejar a la mujer incluso porque, viendo a otra mujer más bonita que la que se tiene en casa, se le despida a esta última para dar cabida a la otra; como si la mujer no tuviese la misma dignidad del hombre, como si mediante el Matrimonio no se realizara una unión tan estrecha que hace que ya no sean dos sino una sola cosa, y que sólo se pensara que la mujer es como un producto desechable en la vida del hombre. Por eso, como dice Tertuliano, quien se casa debe ser consciente de que acepta a su cónyuge para vivir unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina y un mismo servicio, de tal forma que en verdad, y no sólo en la imaginación, sean una sola carne.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, vivir cada uno de nosotros los compromisos que hemos adquirido ante Dios o ante los demás no como juegos, sino como aquello que nos compromete para buscar el bien de las personas que amamos. Que Dios conceda, de un modo especial, a los matrimonios cristianos, la gracia de ser en el mundo un signo del amor fiel de Cristo a su Iglesia, que no la tomó para sí para destruirla, sino para santificarla entregando su vida y derramando su sangre por ella.

www.homiliacatolica.com


Santo Rosario por las Hnas Siervas de los corazones traspasados de Jesús y María Misterios Gloriosos - Miércoles y Domingo


Homilías de viva voz por el Padre Nelson Medina,O.P.

(Nota: Haga click en los enlaces para escuchar los audios)

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1
1997/10/05

El divorcio, tema que los protestantes no tocan.
00:12:37
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2
2000/10/08

No es bueno que el hombre esté solo.
00:27:49
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3
2006/10/08

Recuperemos la alegría, la hermosura de esa idea que Dios tuvo al crearnos hombre y mujer.
00:14:48
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4
2009/10/04


00:43:11
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5
2012/10/07

El plan de Cristo no es unir dos paganos con un matrimonio cristiano...
00:04:36
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6
2012/10/07

Desde la riqueza de la palabra de Cristo comprendemos que su hablar no sólo es mandato sino evocación, promesa, declaración, acción.
00:17:24
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7
2015/10/04

El divorcio trae daños irreparables a la sociedad, oremos para que el matrimonio no se degrade y por el contrario se cumpla a través de este hermoso sacramento el Plan de Dios.
00:05:51
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