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miércoles, 16 de diciembre de 2015

"En tu presencia cada día" - para el miércoles 16 de diciembre 2015

MIÉRCOLES DE LA SEMANA III
Del propio del Tiempo. Salterio III

16 de diciembre 


LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: UNA CLARA VOZ RESUENA.
Una clara voz resuena
que las tinieblas repudia,
el sueño pesado ahuyéntase,
Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma adormida
y sus torpezas sacuda,
que para borrar los males
un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero
que ha de lavar nuestras culpas;
con lágrimas imploremos
el perdón que nos depura,

porque en su nueva venida
que aterroriza y conturba,
no tenga que castigarnos,
más con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria,
loor al Hijo en la altura,
y al Espíritu Paráclito
por siempre alabanza suma. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.

Ant 2. Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Cántico: DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA Is 33, 13-16
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?».

El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.

Ant 3. Aclamad al Rey y Señor.
Salmo 97 - EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:

tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aclamad al Rey y Señor.
LECTURA BREVE   Is 7, 14b-15
Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Consolad, consolad a mi pueblo», dice el Señor, vuestro Dios.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 
«Consolad, consolad a mi pueblo», dice el Señor, vuestro Dios.
PRECES
Cristo, Palabra de Dios, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, por la esperanza, digamos:

Quédate con nosotros, Señor.

Príncipe de la justicia y de la rectitud,
haz justicia a los pobres y desamparados.

Rey de la paz, que de las espadas forjas arados y de las lanzas podaderas,
convierte nuestras envidias en amor y nuestra hambre de venganza en deseos de perdón.

Tú, que no juzgas por apariencias,
discierne quienes son los que realmente te pertenecen.

Cuando vengas en una nube con gran poder y gloria,
haz que nos podamos mantener en pie delante de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres

Pidamos a Dios que su reino se haga cada día más visible entre nosotros:
Padre nuestro...

ORACION
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Miércoles de la terce semana de Adviento

Libro de Isaías 45,6b-8.18.21b-25. 
Para que se conozca,
desde el Oriente y el Occidente,
que no hay nada fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la felicidad y creo la desgracia: yo, el Señor, soy el que hago todo esto.
Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia! ¡Que se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! Yo, el Señor, he creado todo esto.
Porque así habla el Señor, el que creó el cielo y es Dios, el que modeló la tierra, la hizo y la afianzó, y no la creó vacía, sino que la formó para que fuera habitada: Yo soy el Señor, y no hay otro.
¡Declaren, expongan sus pruebas! ¡Sí, deliberen todos juntos! ¿Quién predijo esto antiguamente y lo anunció en los tiempos pasados? ¿No fui yo, el Señor? No hay otro Dios fuera de mí; un Dios justo y salvador, no lo hay, excepto yo.
Vuélvanse a mí, y serán salvados, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro.
Lo he jurado por mí mismo, de mi boca ha salido la justicia, una palabra irrevocable: Ante mí se doblará toda rodilla, toda lengua jurará por mí,
diciendo: Sólo en el Señor están los actos de justicia y el poder. Hasta él llegarán avergonzados todos los que se enfurecieron contra él.
En el Señor hallará la justicia y se gloriará toda la descendencia de Israel.



Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14. 
Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.




Evangelio según San Lucas 7,19-23. 
Los envió a decir al Señor: "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Cuando se presentaron ante él, le dijeron: "Juan el Bautista nos envía a preguntarte: '¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?'".
En esa ocasión, Jesús curó mucha gente de sus enfermedades, de sus dolencias y de los malos espíritus, y devolvió la vista a muchos ciegos.
Entonces respondió a los enviados: "Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!". 

Reflexión:

Is. 45, 6-8. 21-25. Dios por medio de su Hijo, encarnado por obra del Espíritu Santo en el Señor purísimo de María Virgen, nos ofrece el perdón de nuestros pecados y la vida eterna. Y aun cuando esta oferta de parte de Dios ya está hecha, no puede hacerse realidad en nosotros si no abrimos nuestro corazón a la justificación que nos viene de Dios. Por eso podemos decir que cada uno va colaborando con la gracia para que la Redención no quede inutilizada en nosotros, ni caiga como en saco roto. De una u otra forma también vamos colaborando para que la salvación llegue nuestro prójimo. Incluso cuando alguien se levante en contra nuestra y nos calumnie, maldiga, persiga o crucifique, estará colaborando con Dios para que seamos purificados y lleguemos como un holocausto digno a su presencia. Aprendamos a alabar a Dios y a confiarnos a Él no sólo cuando todo marche bien, sino incluso en los momentos más difíciles de nuestra vida, imitando así al Señor que, perdonando a sus verdugos, confió su Espíritu en manos de su Padre Dios, sabiendo que era necesario padecer todo eso, para entrar así en su Gloria.

Sal. 85 (84). El Padre Dios nos envió su Palabra eterna, para que los que la escuchemos y pongamos en práctica, seamos eternamente bienaventurados en su presencia. Sin embargo la Palabra de Dios llega a nosotros como una buena semilla, que habiendo sido sembrada en nuestros corazones, necesita dar fruto, y frutos abundantes de salvación. Por eso el Señor derrama en nosotros la lluvia abundante de su gracia y de su Espíritu Santo, para que no sólo nos llamemos hijos de Dios, sino que lo seamos en verdad, y lo manifestemos con nuestras buenas obras, pues de lo que está lleno el corazón de eso habla la boca. Dios siempre ha sido bondadoso para con nosotros; si Él nos ha dado su Vida, demos frutos de justicia y de paz; sólo así nos habremos puesto en camino tras las huellas de Cristo hacia la Gloria del Padre.

Lc. 7, 19-23. Jesús da testimonio de que Él es el Enviado del Padre, el esperado, el anunciado por los profetas. Y lo hace no con palabras, sino con sus obras, conforme a lo que del Mesías habían anunciado los profetas. En otra ocasión Él se confiesa como hijo de Dios; y cuando lo iban a apedrear por blasfemo se defiende diciendo: Si no creen por las palabras que les digo, créanlo por mis obras; ellas dan testimonio de que realmente yo vengo de Dios. Este camino de verdad es el mismo camino de la Iglesia. Por eso hemos de meditar si no nos hemos conformado con anunciar el Evangelio sólo con las palabras, si más bien, nosotros mismos, hemos dejado que el Espíritu Santo nos convierta en un Evangelio viviente del Padre; y esto para que, por nuestra unión a Cristo, Él continúe realizando, desde nosotros, aquellas señales que hagan entender a los demás que el Señor Jesús sigue caminando entre nosotros y haciendo el bien a todos.

Nuestro Dios y Padre nos reúne en torno suyo para celebrar esta Eucaristía. Él quiere que nos relacionemos con Él como hijos fieles. Su Palabra no puede pronunciarse en estos momento de un modo intrascendente. No podemos permanecer indiferentes ante el Señor que nos habla, que nos instruye, que nos envía a continuar su obra de amor y de salvación en el mundo y su historia. No sólo celebramos la Eucaristía; nos hacemos parte de ella; junto con Cristo entregamos nuestra vida por la salvación de todo el mundo. Y no sólo hablaremos de Cristo a los demás, sino que gracias a entrar en comunión de vida con Él su Iglesia queda convertida en un signo de su amor para todos, de tal forma que desde ella debe brillar con todo su esplendor el Rostro de Cristo. Vayamos a contarle a los demás lo que aquí hemos visto y oído.

Vayamos como testigos. No sólo hablemos de las maravillas de Dios; hagámoslas a favor de los demás, pues mientras aquellos que nos escuchen no contemplen a Cristo, mientras no comprueben las señales de su entrega no van a creer. Y esas huellas de la entrega de Cristo las conocerán desde nosotros, que hemos sido marcados con el Sello del Espíritu Santo. La Iglesia es una huella del amor de Dios en el mundo. Por medio de ella todos deben contemplar a Cristo como en un espejo, pues hemos de reflejar desde nosotros su amor, su entrega, su perdón, su misericordia, su justicia, su paz. Si en lugar de sanar en los demás las heridas que el pecado ha abierto, las hacemos más profundas y dolorosas, ¿Cómo van a creer en el Dios liberador, salvador y lleno de amor que les anunciamos? Dios nos ha comunicado su vida. No la hagamos estéril en nosotros. Si el Señor nos invita a que volvamos a Él para que nos salve, no cerremos ante Él nuestro corazón; no anunciemos un Cristo diferente al que se nos anunció a nosotros por medio de los apóstoles. El Enviado del Padre ha de ser seguido con toda fidelidad y no sólo anunciado con los labios.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber ser fieles en el anuncio del Evangelio, hecho, especialmente con el testimonio de nuestra propia vida.


Santo Rosario por las Hnas Siervas de los corazones traspasados de Jesús y María Misterios Gloriosos - Miércoles y Domingo


Homilías de viva voz por el Padre Nelson Medina,O.P.

(Nota: Haga click en los enlaces para escuchar los audios) 


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1
2004/12/15

El misterio de la Navidad: descubrir la verdad del Dios único.
00:05:16
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2
2009/12/16

La paz sólo existe cuando sirvo a un único Dios.
00:21:22
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3
2010/12/15

Encontrarse con el Dios vivo implica desechar los ídolos muertos.
00:04:08
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4
2011/12/14

La pregunta de Juan probablemente era una invitación a que sus últimos y más leales discípulos se fueran de su lado para quedarse para siempre con Jesús.
00:04:35
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5
2015/12/16

Nuestra misión, como fue la de Juan Bautista, es predicar el tiempo nuevo de la redención a través del Mesías, atrayendo discípulos a Él.
00:04:53
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