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domingo, 20 de diciembre de 2015

"En tu presencia cada día" - para el domingo 20 de diciembre 2015

DOMINGO DE LA SEMANA IV
Del Propio del día - Salterio IV

20 de diciembre 


LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
INVITATORIO
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle. 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Himno: QUE VIENE CRISTO REPITEN.
Que viene Cristo repiten
con su clamor los profetas,
previniendo que la gracia
de la redención se acerca.

Se anuncia nuestro mañana,
los corazones se alegran,
anunciadores de gloria
miles de voces resuenan.

Fue el primer advenimiento
no de castigo ni de pena,
sino por curar heridas
salvando a quién pereciera.

Mas que ha de venir de nuevo
su venida nos alerta,
a coronar a los justos
y a darles la recompensa.

Luz perenne se nos brinda,
la salvación centellea,
y un resplandor nos convoca
a las mansiones etéreas.

Oh Cristo, anhelamos verte
cual Dios en visión perpetua,
porque este gozo será
bienaventuranza eterna. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.
Salmo 117 - HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.

Ant 2. Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.
Cántico: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR Dn 3, 52-57
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, Santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.

Ant 3. Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
Salmo 150 - ALABAD AL SEÑOR.
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
LECTURA BREVE   Rm 13, 11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

V. Tú que has de venir al mundo.
R. Ten piedad de nosotros.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El ángel Gabriel fue enviado a María Virgen, desposada con José.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 
El ángel Gabriel fue enviado a María Virgen, desposada con José.
PRECES
Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores,
líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo,
muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley,
para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos,
concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.
Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque Jesucristo mismo nos lo enseñó, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...

ORACION
Señor, derrama tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


Libro de Miqueas 5,1-4a. 
Así habla el Señor:
Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial.
Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas.
El se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra.
¡Y él mismo será la paz!



Salmo 80(79),2ac.3b.15-16.18-19. 
Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
reafirma tu poder y ven a salvarnos.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,

observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,

al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.




Carta a los Hebreos 10,5-10. 
Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo:
"Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo.
No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios.
Entonces dije:
Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad."
El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley.
Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.
Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.



Evangelio según San Lucas 1,39-45. 
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor". 


DICHOSA TÚ, QUE HAS CREÍDO, PORQUE SE CUMPLIRÁ CUANTO TE FUE ANUNCIADO DE PARTE DEL SEÑOR.

Comentando la Palabra de Dios

Miq. 5, 1-4. Para el Señor no importa la humildad del origen humano de las personas. Para Él todos somos sus hijos y tenemos la misma dignidad, pues el hombre ve lo externo, pero Dios ve nuestros corazones. Él nos ha llamado para hacernos un signo de su poder salvador y de su paz. A nosotros corresponde no sólo escuchar su Palabra, sino tener la apertura necesaria para que su Espíritu conduzca nuestros pasos por el camino del bien. Dios quiere hacer su obra en nosotros; Dios quiere transformarnos en hijos suyos. Si le vivimos fieles, Él hará que mediante nosotros, por voluntad suya, llegue a todos su Vida y su amor, que nos renueva. La Iglesia del Señor, nacida del costado abierto del Redentor, debe trabajar constantemente para que la grandeza de quien nació hecho uno de nosotros ,llene la tierra y sea, así, la paz para todas las naciones.

Sal. 79. El Señor mismo, nacido de mujer, hecho uno de nosotros, se ha convertido en Pastor de su pueblo, para que quienes le pertenecemos no desvalaguemos como ovejas sin pastor. Muchas veces hemos vivido lejos del Señor, pues tal vez no hubo quién nos orientara, quién se preocupara de nosotros. Más bien algunos falsos pastores se aprovecharon de nosotros, destruyeron nuestra fe y nuestras esperanzas. Y vivimos lejos del Señor, envueltos en la oscuridad del pecado. Pero Dios se ha compadecido de nosotros, y ha salido a buscarnos incansablemente para manifestarnos el amor que nos tiene. Quienes nos hemos dejado encontrar por Él; quienes escuchamos su Palabra y le permitimos dar fruto abundante en nosotros, hemos de tomar la firme determinación de ya no alejarnos del Señor, y pedirle que nos conserve la vida para que se convierta en una continua alabanza de su Santo Nombre. Vivamos tras las huellas de Cristo, siguiendo el buen ejemplo de aquellos que Él ha puesto como un signo de su servicio y entrega a su Iglesia pues los ha constituido en Cabeza, Esposo, Siervo y Pastor en ella. Roguémosle al Señor por ellos para que sean siempre buenos Pastores al estilo de Jesús y conforme a su corazón.

Heb. 10, 5-10. Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad. De un modo decidido y por voluntad propia, el Señor viene a nosotros como Salvador, dando Él su vida por nosotros. Nadie le quita la vida; Él la da porque esa es su voluntad; y hasta ese extremo llega su amor por nosotros, pues nadie tiene amor más grande que quien da la vida por los que ama. La encarnación del Hijo de Dios tiene un carácter sacrificial; ese es su último sentido: ser la única ofrenda mediante la cual nosotros somos santificados. Por eso la celebración Eucarística, en que celebramos el Memorial de la Pascua de Cristo, se convierte para nosotros en el culmen y en la fuente de la vida de toda la Iglesia. Una Iglesia que no conduzca a sus fieles a unirse a Cristo en la Eucaristía sería una Iglesia con una apostolado inútil, pues la Iglesia se construye en torno a la Eucaristía; y se construye en torno a ella no sólo porque se reúne para celebrarla, sino porque, unida a Cristo, entrega su cuerpo y derrama su sangre para el perdón de los pecados de todos los hombres, a imagen del amor de su Señor. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo continúa encarnándose en la historia por medio de su Iglesia. Ojalá y quienes la conformamos, en una auténtica alianza con el Señor podamos realmente decir junto con Él, de un modo continuo, amoroso y comprometido hasta sus últimas consecuencias: Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad.

Lc. 1, 39-45. Tal vez haya muchas cosas y actitudes muy lejanas a nosotros que están en María, y que nos sería imposible imitar: como su concepción inmaculada, y su vida sin pecado. Pero hoy el Señor propone a su Iglesia el ejemplo de esa Mujer amorosa y fiel a Dios para que lo imitemos. Ella es una mujer de fe. Muchas cosas grandiosas le anunció el ángel acerca del Hijo de Dios que, por obra del Espíritu Santo, se haría hombre en su seno; recordemos: Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su Padre, y Él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin. Aquellas palabras de Isabel: Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor, ¿qué sentido tendrían cuando retumbaran en los oídos de María cuando estaba de pie junto a la cruz en que moría su Hijo como si fuera un malhechor, traicionado cobardemente por todos? Pero María estaba de pie, no se derrumbó a pesar de que las corrientes de las aguas golpearon fuertemente sobre Ella. Después de la resurrección las palabras de Isabel cobran su auténtico sentido y su justa dimensión en la vida de María. Este es el camino de fe de la Iglesia, sometida muchas veces a persecuciones y pruebas que, si no son vistas desde la esperanza que tenemos, podrían hacernos derrumbar y dar marcha atrás en la fe que hemos depositado en Cristo. Ojalá y su glorioso nacimiento, ojalá y su cercanía, su ser Dios-con-nosotros, nos haga levantar la cabeza para permanecer firmemente anclados en nuestra fe en Cristo, de tal forma que, aunque tengamos que pasar por la prueba amarga de la muerte, sepamos que, no la muerte, sino el Señor de la Vida tiene la última palabra sobre nosotros, pues su Resurrección será, para quienes nos unimos a Él en comunión de vida, un renacer eternamente como criaturas nuevas para Dios.

La Palabra de Dios y la Eucaristía de este Domingo.

El Señor se hace cercanía a nosotros en esta Eucaristía para llenarnos de su Espíritu Santo, y hacernos brincar de gozo. La vida a veces pudo habérsenos complicado; incluso nuestra fe confesada con valentía pudo habernos acarreado demasiados problemas. Sin embargo, el Señor se ha acercado a nosotros y nos ha pedido levantar la cabeza y contemplarlo lleno de amor por nosotros, puesto de parte nuestra como nuestro poderoso protector. Ante esta realidad ¿Acaso no nos llenaremos de alegría y daremos brincos de gozo, pues el Señor, en su amor por nosotros ha dado incluso su vida para perdonarnos nuestros pecados y participarnos de su vida y de su Espíritu, que nos santifica? Ojalá y le creamos a Dios de tal forma que sepamos que, suceda lo que suceda, Dios está dispuesto a cumplir en nosotros cuanto nos ha dicho y prometido: Que nos libraría, para siempre, de la mano de nuestros enemigos y que nos haría partícipes de su Victoria y de la Herencia que le corresponde como Hijo Unigénito del Padre Dios. Y esto hoy se hace realidad para nosotros mediante esta Celebración del Memorial de la Pascua de Cristo.

La Palabra de Dios, la Eucaristía de este Domingo y la vida del creyente.

Creerle a Dios es aceptar en nosotros el mensaje de salvación; y, más aún, es convertirnos en colaboradores suyos para que la salvación llegue a todos los hombres. Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos ha perdonado nuestras infidelidades, pecados y miserias. Él, por medio de su Hijo, ha destruido el documento acusador que nos condenaba y lo hizo desaparecer clavándolo en la cruz. Si nosotros le creemos a Dios, hemos de llevar una vida conforme a esa fe. En cambio, si no le creemos, probablemente profesemos nuestra fe con los labios y con algunos actos de culto, incluso público, pero nuestras obras serán malas; pues en lugar de ser un signo de la cercanía de Dios para los que sufren y viven oprimidos o sin esperanza, podríamos convertirnos en causa de todos esos males para ellos. Si le decimos al Señor: Aquí estoy para hacer tu voluntad, no podemos decirle a nuestro prójimo: Aquí estoy para hacer mi voluntad de modo egoísta haciéndote daño, destruyéndote, persiguiéndote y asesinándote. Si nos consideramos dichosos por cuanto nos ha dicho el Señor: de que somos sus hijos amados, y que estamos llamados a vivir eternamente en su Gozo y en su Gloria, no podemos pasar la vida convirtiéndonos en ocasión de angustia, tristeza y persecución para los demás, para brillar nosotros a costa de pisotearlos a ellos. Por eso tratemos de ser congruentes con nuestra fe. Que el Señor, que se acerca, nos ayude para que realmente seamos renovados en Cristo, y el mundo alcance a entender que la Iglesia del Señor tiene en su seno a quienes han nacido como criaturas nuevas que, alejadas de sus antiguos modos de proceder, ahora viven, guiadas por el Espíritu Santo, como un Signo del amor de Dios que Él nos manifestó por medio de su Hijo Jesús, al Cual prolonga su Iglesia en el mundo y su historia.

Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir haciendo en todo la voluntad de Dios, para que su Espíritu nos moldee día a día a imagen del Hijo de Dios; así podremos darlo a conocer desde el testimonio de la propia vida, y no sólo desde palabras, tal vez muy elaboradas, pero huecas de un compromiso fiel y amoroso con el Señor, en quien decimos creer. Si vivimos fieles al Señor será posible que todos experimenten el amor de Dios y vuelvan a Él para alabarlo, ya desde ahora, con una vida intachable y con un auténtico amor fraterno hasta participar, juntos, de la salvación eterna a la que Dios nos ha llamado. Amén.


Santo Rosario por las Hnas Siervas de los corazones traspasados de Jesús y María Misterios Gloriosos - Miércoles y Domingo


Homilías de viva voz por el Padre Nelson Medina,O.P.

(Nota: Haga click en los enlaces para escuchar los audios) 

Núm.

Datos

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1
1997/12/21


00:06:36
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2
1997/12/21

María, Madre del Adviento, prepara nuestros corazones para la llegada de Cristo.
00:05:01
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3
2009/12/20


00:14:41
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4
2009/12/20


00:32:02
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5
2012/12/23

Una breve catequesis sobre las fechas dentro del tiempo litúrgico del adviento.
00:04:47
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6
2012/12/23

El Mesías, cuyo origen es "desde antiguo" hace realidad en nosotros la novedad del plan original y primero de Dios.
00:20:25
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7
2012/12/23

El amor extremo de Cristo, que va más allá del esquema de hacer negocios con Dios, revela, sana y transforma al corazón humano.
00:31:36
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8
2015/12/20

Cristo nos muestra el camino del retorno al Señor, haciendo la voluntad de Él. Recibamos a Jesús con humildad y bendigamos al Padre quien nos lo entregó para nuestra salvación.
00:04:27
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